Las palomas demuestran que la estabilidad es aburrida

15

Vas caminando por la calle. Las palomas se pavonean. Ellos revolotean. Parecen caóticos. Pero tal vez el caos sea una característica, no un error. Una nueva investigación muestra que estas aves se niegan a adoptar una toma de decisiones estable. Viven “al borde del caos”.

Esto es importante porque las palomas nos ayudan a comprender el aprendizaje en sí. Los investigadores los están utilizando para probar una ley que tiene más de 100 años. La ley del efecto. Edward Thorndike lo propuso en 1898. Premisa simple: obtener una recompensa por repetir la conducta. Todo el mundo conoce esta parte.

Sin embargo, aquí está el giro. La ley de Thorndike implica que las recompensas hacen que el comportamiento no sólo sea más frecuente sino también consistente. Menos variación. Misma acción. Lo mismo cada vez.

Los científicos comprobaron constantemente la parte de frecuencia. Apenas comprobaron la coherencia. Hasta ahora. Edward A. Wasserman de la Universidad de Iowa quería respuestas. Su laboratorio utiliza palomas desde hace cincuenta años. ¿Por qué? Son modelos perfectos para estas cosas.

No habría razón para no esperar que los animales converjan en un único favorito.

Entonces lo probaron. Cinco botones coloridos. Las palomas debían picotear cinco veces en total. Cualquier pedido. Cualquier botón. Entonces aparece un regalo. La lógica sugiere que deberían elegir un ganador. Encuentra un botón. Píquelo cinco veces. Fácil. Rutina. Estable.

Los pájaros se negaron. Siguieron picoteando en diferentes patrones. Variedad salvaje. No se formó ninguna rutina.

Wasserman los llama “totalmente resistentes a encerrarse en algo estable”. Tratan la variabilidad como si fuera una especia. No es un error sino una elección.

Quizás esto sea evolutivo. Las ciudades cambian rápidamente. Las rutinas rígidas fracasan en entornos cambiantes. Ser impredecible podría ser la ventaja de la supervivencia. Te mantiene listo para lo nuevo. Lo desconocido. La amenaza repentina.

Wasserman cree que otros animales también podrían hacer lo mismo. La uniformidad no siempre es el objetivo. En realidad, el cerebro podría preferir la opción A hoy y la opción B mañana, incluso si la recompensa es idéntica.

A Aaron Blaisdell, de UCLA, no le sorprendieron los hallazgos. Trabaja en psicología. Espera rarezas de la biología. Pero señala que todavía nos falta el “por qué” neurológico. ¿Cómo decide el cerebro cambiar de marcha cuando funciona mantener el rumbo?

No lo sabemos todavía. Los mecanismos siguen oscuros. Lo que significa que las palomas podrían estar enseñándonos más sobre el misterio de la mente de lo que jamás hubiéramos pretendido. Y ni siquiera nos lo han contado todo todavía. 🐦