Ratones que gobiernan el vacío helado

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Arriba donde los humanos no pueden quedarse.
A más de 22.000 pies sobre el nivel del mar vive el ratón andino de orejas de hoja.
Supera a cualquier asentamiento humano por seis mil pies.

Hace seis años, los escaladores encontraron uno. Ahora la ciencia lo explica.

Jay Storz lo recogió en 2020 para verlo más de cerca.

“Este estudio se centra en cómo evolucionaron para sobrevivir en el aire y la congelación constante”, dice Storz.

La mitad del oxígeno aquí en comparación con las costas.
Las temperaturas nunca se descongelan.
La mayoría de los mamíferos mueren. Estos prosperan.

Construido diferente

El ratón andino de orejas de hoja cubre el rango de altitud más amplio de cualquier mamífero.

Algunos viven en las dunas del desierto chileno.
Otros se aferran a los picos de los Andes.
Storz estudió 167 de ellos. Todos los rangos.

Los ejemplares de gran altitud se calientan más rápido.
Sus músculos esqueléticos se adaptan. Los escalofríos generan un calor intenso.
Tiemblan para sobrevivir al hielo.

Comer lo venenoso

La genómica muestra rasgos familiares de hipoxia.
Cosas estándar para supervivientes en el aire.
Pero luego vino el giro.

Estos ratones comen plantas tóxicas para todo lo demás.

La flora del desierto prospera en esos picos áridos.
Los ratones lo metabolizan.
Evolucionaron para el mal aire. Mala comida. Mala suerte.

“Aquí es difícil evolucionar”, reconoce Storz, que trabajó allí. “Nos siguen sorprendiendo. El ambiente se siente activamente hostil cuando estás parado en él”.

¿Implicaciones humanas?

Tal vez.

La adaptación a niveles bajos de oxígeno sugiere soluciones médicas para los humanos.
¿Insuficiencia cardiaca? ¿Enfermedades crónicas por hipoxia?
El ratón ofrece pistas.

Jorge Salazar-Bravo lo llama un punto de inflexión.
También dice que necesitamos más trabajo.

“Cada parte cuenta una buena historia, pero las cosas se diluyen juntas”, argumenta.

Schuyler Liphardt está de acuerdo.
Sólo la primera puñalada.

Los mecanismos no están claros.
Faltan funciones.
Quedan preguntas:

  • ¿Cómo se activan realmente los escalofríos musculares?
  • ¿Qué genes exactamente desintoxican las hojas?
  • ¿Qué desencadena estas adaptaciones?

Más que perseguir.
Quizás la próxima temporada.
O la próxima década.