Cómo Franz Boas cambió la antropología y por qué es importante la relatividad cultural

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Franz Boas no sólo cambió la antropología. Lo desmanteló y lo reconstruyó desde cero.

Antes de Boas, el campo estaba atrapado en un bache fangoso. La mayoría de los antropistas creían en una burda jerarquía del desarrollo humano. Argumentaron que algunos grupos eran inherentemente más “civilizados” que otros. Era un marco racista disfrazado de ciencia. Boas rechazó esto por completo.

Nació en 1858 en Minden, Alemania. Su educación inicial no fue en humanidades. Fue en física y geografía. Obtuvo su doctorado en 1881 con ese rigor científico aún intacto. Pero su trayectoria cambió durante una expedición a la isla de Baffin entre 1883 y 1884.

Allí estudió la cultura inuit. Esta no fue una encuesta rápida. Fue una inmersión profunda. Lo obligó a cuestionar las teorías predominantes de su época.

Más tarde, centró su atención en los Kwakiutl y otros pueblos nativos de la Columbia Británica. El trabajo fue agotador. Los datos eran complejos. Y las conclusiones fueron radicales.

La expedición Jesup al Pacífico Norte

De 1896 a 1905, Boas dirigió la Expedición Jesup al Pacífico Norte. Este no fue un viaje de investigación casual. Fue una investigación masiva sobre las relaciones entre los pueblos aborígenes de Siberia y América del Norte.

Estaba buscando conexiones. Pero no del tipo que sugería una historia de origen único para toda la humanidad. Buscaba historias culturales distintas.

El objetivo era comprender cómo estos grupos se desarrollaron de forma independiente. Para ver cómo se adaptaron a sus entornos. Demostrar que la similitud en los artefactos no significaba similitud en el origen.

Este trabajo sentó las bases de su contribución más famosa.

Relatividad cultural sobre determinismo genético

A Boas se le atribuye en gran medida el mérito de haber establecido la antropología como una disciplina académica seria en los Estados Unidos. Enseñó en la Universidad de Columbia desde 1896 hasta su muerte en 1942.

No era sólo un maestro. Era un organizador. Fue mentor de la próxima generación de gigantes.

Rut Benito. Alfred L. Kroeber. Margarita Mead. Eduardo Sapir.

Estos nombres dominan el campo gracias a Boas. Pero su impacto va más allá de la tutoría. Cambió todo el paradigma.

Antes de Boas, las diferencias entre grupos se atribuían a superioridad biológica o genética. Boas argumentó que tales puntos de vista eran etnocéntricos. Demostró que todos los grupos humanos han evolucionado por igual. Simplemente evolucionaron de diferentes maneras.

“En realidad, todos los grupos humanos han evolucionado por igual pero de diferentes maneras.”

Esta distinción lo es todo. Significa que las diferencias en comportamiento, arte o estructura social no son signos de atraso. Son signos de diferentes caminos históricos.

Boas atribuyó las diferencias humanas a factores “culturales” históricos. No los genéticos. Este fue un cambio sísmico. Eliminó el juicio moral de la observación científica. Permitió a los antropólogos estudiar las culturas en sus propios términos.

Por qué esto todavía importa hoy

Se podría pensar que esto es historia vieja. No lo es.

La idea de que la cultura se aprende, no se hereda, sigue siendo fundamental para entender la sociedad. Boas demostró que el lenguaje, las costumbres y las creencias están moldeados por el entorno y la historia. No por sangre.

Sus libros reflejan este cambio.

  • *La mente de
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