La verdad incómoda es la siguiente: partes de este artículo fueron ensambladas por inteligencia artificial. Antes del despido inmediato, considere el proceso. Expresé mis pensamientos, esencialmente dicté esta pieza, y una IA transcribió y estructuró el resultado sin procesar en la carta que estás leyendo ahora. La IA proporcionó la forma ; Proporcioné la intención.
Es probable que esta admisión provoque fuertes reacciones, particularmente dentro del periodismo. Actualmente, el uso de la IA se considera ampliamente como una violación de la integridad periodística: un atajo que socava la labor humana fundamental de informar y escribir. Si bien este sentimiento no es del todo infundado, la realidad es que las herramientas de inteligencia artificial se están convirtiendo rápidamente en una parte inevitable del panorama profesional.
El cambio inevitable
Ya vivimos en un mundo saturado de IA. Estas herramientas no están desapareciendo; están evolucionando a un ritmo exponencial. El mercado de la IA generativa se ha disparado desde 2023. Un estudio reciente de Wiley realizado en 2025 reveló que la adopción de la IA entre los investigadores saltó del 57% en 2024 al 84% en un solo año. Más del 60% de estos investigadores utilizan la IA para tareas de investigación e incluso de publicación. Esta no es una amenaza lejana; es el presente.
La situación es irónica. Hemos enfrentado ansiedades similares antes. La reacción inicial ante la World Wide Web fue de desconfianza. Los críticos argumentaron que la investigación real requería tiempo en bibliotecas físicas, descartando las búsquedas en la web como atajos perezosos que arrojaban resultados poco confiables. Hoy, ese argumento parece absurdo. Nos adaptamos, establecimos límites y definimos lo que constituye un trabajo legítimo frente a una mera utilidad.
Colaboración, no reemplazo
El debate actual sobre la autoría de la IA es revelador: si uso Microsoft Word para corregir un error tipográfico, nadie cuestiona mi propiedad sobre el texto. Si una IA reordena mis oraciones dictadas para mayor claridad, ¿dónde está la línea? La distinción se está volviendo borrosa.
De hecho, la IA que ayudó con este artículo incluso sugirió incluir una estadística sobre su propio crecimiento en el campo, un metamomento que demuestra el ciclo colaborativo emergente. Aprobé la sugerencia y ese punto de datos ahora aparece en el texto. Esto destaca cómo las herramientas pueden ofrecer mejoras que luego los editores humanos evalúan e implementan.
La pregunta no es si la IA influirá en el periodismo, sino cómo. El verdadero problema no es hacer trampa, sino la transparencia, el control y el establecimiento de directrices éticas claras. Debemos adoptar estas herramientas estratégicamente para dar forma a su aplicación, no temerlas y mantenerlas en secreto.
La línea entre la autoría humana y la máquina ya se está desvaneciendo. La tarea crítica que tenemos por delante es definir el uso aceptable y garantizar una integración responsable.
En última instancia, el medio ha cambiado, pero el mensaje central sigue siendo mío. La cuestión de quién realmente “escribió” este artículo es menos importante que reconocer la realidad cambiante de cómo se crea el contenido.





















