La capa de nieve del oeste de Estados Unidos está experimentando un colapso histórico, impulsada por una ola de calor sin precedentes en marzo que diezmó los niveles de nieve ya bajos. Esta situación plantea graves riesgos para los recursos hídricos y aumenta la probabilidad de sequías e incendios forestales en toda la región.
Deshielo sin precedentes
La capa de nieve, crucial para el sostenimiento de ríos y embalses durante la primavera y el verano, se ha desplomado a mínimos históricos. El científico climático Daniel Swain describió la situación como “algo que realmente no había sucedido antes… cayendo en picado” en áreas extensas. La ola de calor del 15 al 26 de marzo rompió más de 700 récords de temperatura diarios y 100 mensuales, y algunas lecturas superaron las que se observan habitualmente en abril o mayo.
Este no es sólo un problema localizado; El efecto se siente “en casi todos los lugares donde se espera que haya nieve en el Oeste”. A pesar de que algunos estados del oeste experimentaron un invierno más húmedo que el promedio, las temperaturas anormalmente cálidas aseguraron que gran parte de la precipitación cayera en forma de lluvia en lugar de nieve.
Se avecina una escasez crítica de agua
Las implicaciones son graves. La cuenca del río Colorado es particularmente vulnerable, con niveles de nieve que alcanzan “un territorio realmente sin precedentes”. Hasta el 28 de marzo, el equivalente en agua de nieve se había reducido a sólo 4,3 pulgadas, un mínimo histórico por un margen sustancial. Esto prepara el escenario para una posible escasez de agua, que amenaza al ya tenso río Colorado, que abastece a 40 millones de personas.
El lago Powell podría caer por debajo del nivel necesario para la generación de electricidad en la presa Glen Canyon. Mientras tanto, los administradores del agua de California están intentando mitigar el problema manteniendo niveles más altos de los embalses, pero esta no es una solución a largo plazo.
Riesgo de incendios forestales amplificado
La falta de deshielo también significa una vegetación más seca, lo que aumenta considerablemente el riesgo de incendios forestales. Este año ya se han quemado 1,5 millones de acres en todo Estados Unidos, más del doble de la cantidad típica en este momento. Occidente enfrenta una amenaza mayor a medida que se acerca el verano, con condiciones secas que alimentan incendios más grandes e intensos.
El cambio climático como factor subyacente
Toda la situación está directamente relacionada con el cambio climático. El aumento de las temperaturas globales está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y prolongadas. Se estimó que la reciente ola de calor era cuatro veces más probable y 1,4°F (0,8°C) más caliente debido al calentamiento causado por el hombre.
La tendencia a largo plazo muestra que, si bien los inviernos con más nieve siguen siendo relativamente constantes, los años de escasez se están volviendo más frecuentes y extremos. Esta disminución acelerada de la capa de nieve subraya la creciente urgencia de abordar el cambio climático para proteger los recursos hídricos occidentales y prevenir la escalada de desastres ambientales.
El colapso del manto de nieve occidental es una señal clara de las crecientes consecuencias del cambio climático. Sin una acción decisiva, la escasez de agua y las temporadas extremas de incendios se convertirán en la nueva normalidad.
