El engaño digital: por qué la neurociencia insta a repensar la tecnología en la educación

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Durante décadas, las escuelas han integrado la tecnología con poco escrutinio, asumiendo que sus beneficios superan los riesgos. Ahora, un coro cada vez mayor de neurocientíficos e investigadores cuestiona esta suposición, argumentando que la prisa por digitalizar la educación puede estar perjudicando el desarrollo cognitivo. Jared Cooney Horvath, neurocientífico y consultor educativo, describe este argumento en su nuevo libro, The Digital Delusion, haciéndose eco de preocupaciones similares planteadas en The Anxious Generation de Jonathan Haidt. ¿La cuestión central? El tiempo excesivo frente a una pantalla, incluso en entornos educativos, interfiere con los procesos fundamentales de aprendizaje.

La promesa no verificada de EdTech

La integración de la tecnología en las escuelas no fue impulsada por pruebas rigurosas ni por una eficacia comprobada. A diferencia de otras innovaciones que deben demostrar valor antes de su adopción, las herramientas digitales llegaron sin reclamos claros. Los desarrolladores admitieron abiertamente la incertidumbre sobre su impacto, pero las escuelas los aceptaron de todos modos. Horvath señala que esto contrasta marcadamente con la forma en que otros productos ganan aceptación: “Si inventaba algo, tenía que convencerte. Este [producto] eliminará esa mancha de tu camisa… Si prometiste algo, tenías que cumplirlo”. La tecnología digital no prometía nada parecido, pero impregnó las aulas.

El papel fundamental del juego y el desarrollo temprano

La neurociencia enfatiza la importancia del juego no estructurado para un desarrollo cerebral óptimo, particularmente antes de los cinco años. Durante este período, el cerebro está en “modo de entrada”, absorbiendo información indiscriminadamente. La introducción temprana de hábitos digitales puede crear vías neurológicas duraderas que son difíciles de romper. Horvath advierte que desarrollar comportamientos dependientes de la tecnología antes de los cinco años puede tener consecuencias a largo plazo: “Si ya has hecho adicto a tu hijo antes de los cinco años, ten cuidado. No sé qué significará eso cuando crezca”. Esto se debe a que el cerebro sufre un “bloqueo” alrededor de los cinco años, solidificando patrones establecidos durante la primera infancia.

La superioridad de los métodos de aprendizaje tradicionales

Si bien algunos educadores abogan por integrar la inteligencia artificial y las herramientas digitales para preparar a los estudiantes para una fuerza laboral impulsada por la tecnología, Horvath sostiene que esto no es el punto. Insiste en que la educación debe priorizar las habilidades fundamentales de pensamiento sobre el dominio de las herramientas: “Enséñele a alguien a pensar y podrá utilizar cualquier herramienta”. Además, las investigaciones demuestran consistentemente que los métodos tradicionales, como la escritura a mano y la lectura de textos físicos, mejoran el aprendizaje de manera más efectiva que las alternativas digitales.

El acto de escribir a mano, en particular, es una habilidad motora compleja que promueve el desarrollo cognitivo de maneras que la escritura no puede replicar. Obliga a un procesamiento más lento y deliberado, fortaleciendo la concentración y el pensamiento analítico.

El caso de la prohibición y la creación del deseo

Horvath aboga por límites más estrictos a la tecnología en las escuelas, sugiriendo incluso prohibiciones. Este enfoque, contraintuitivamente, puede crear un deseo saludable por la tecnología en lugar de fomentar la dependencia. Establece un paralelo con la experiencia de su propia generación con la conducción: la restricción hizo que el acceso fuera más deseable. Al crear una mística en torno a la tecnología, las escuelas pueden capacitar a los estudiantes para que la utilicen de manera responsable cuando lleguen a la edad adulta.

Resistencia práctica y cambio sistémico

Horvath ofrece consejos pragmáticos para padres y educadores, incluidos modelos de cartas para movilizar acciones en las reuniones de la junta escolar. Su enfoque enfatiza recuperar la educación como un “esfuerzo profundamente humano” en lugar de rendirse al atractivo de las soluciones digitales. La reciente prohibición en Australia de las redes sociales para cualquier menor de 16 años demuestra que tales medidas son factibles y, según los informes iniciales, efectivas para mejorar el comportamiento de los estudiantes.

En última instancia, el debate no se trata de resistirse por completo a la tecnología, sino de priorizar el aprendizaje sobre la conveniencia y garantizar que la educación siga arraigada en principios cognitivos probados. La prisa por digitalizar las escuelas sin una cuidadosa consideración ha creado una situación en la que es posible que debamos dar un paso atrás para avanzar.

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