Sistemas de agua mayas antiguos: filtración avanzada, toxicidad oculta

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Las antiguas civilizaciones mayas desarrollaron sofisticados sistemas de gestión del agua, pero, sin saberlo, se enfrentaron a una crisis de salud silenciosa debido a la contaminación generalizada por mercurio. La investigación arqueológica en embalses cerca de Ucanal, Guatemala, revela que si bien los mayas filtraron eficazmente los contaminantes visibles, sin saberlo, estuvieron expuestos a niveles tóxicos de mercurio debido a su uso extensivo del pigmento cinabrio.

El ingenio de la purificación del agua maya

Entre 2018 y 2024, investigadores de la Universidad de Montreal examinaron tres embalses (Aguada 2, Aguada 3 y Piscina 2) alrededor de la ciudad de Ucanal. Los mayas mantuvieron centros urbanos densamente poblados (entre 8.000 y 11.000 habitantes en Ucanal) dando prioridad al acceso al agua potable. Aguada 2 lo demuestra: sus canales de entrada rocosos filtraron sedimentos y, fundamentalmente, eliminaron cianobacterias (algas verdiazules). Los mayas claramente entendían los peligros de las toxinas visibles, ya que plantaron estratégicamente vegetación de sombra para mantener el agua fresca y evitar la proliferación de algas. Las proporciones de carbono a nitrógeno confirman que la materia orgánica proviene de plantas, no de algas, y los niveles de fósforo no indican eutrofización. La Piscina 2 también se benefició de la aireación a través de un canal de drenaje, manteniendo bajos los contaminantes.

Una historia de dos reservorios: clase y contaminación

No todas las fuentes de agua mayas eran iguales. Aguada 3, ubicada en un área de clase baja, fue utilizada intencionalmente como un pozo de desechos, que contenía desechos domésticos, cerámica rota e incluso tumbas perturbadas. Este marcado contraste pone de relieve la estratificación social y el acceso desigual al agua potable. Los mayas eran conscientes de las diferencias en la calidad del agua, pero no entendían los peligros invisibles.

La amenaza invisible: el envenenamiento por mercurio

La filtración avanzada de los mayas no pudo protegerlos del envenenamiento por mercurio, proveniente del cinabrio, un pigmento rojo vibrante utilizado ampliamente en arquitectura, artículos religiosos y entierros. El cinabrio contiene sulfuro de mercurio, que con el tiempo se filtró en los suministros de agua. A diferencia de las malolientes cianobacterias, la escorrentía de mercurio es incolora e inodora, evitando los métodos de detección de contaminantes visibles de los mayas. Los niveles de mercurio aumentaron un 300% durante el período Clásico Terminal (830-950 d.C.) debido a la expansión del comercio.

Hoy sabemos que la exposición al mercurio causa problemas neurológicos y reproductivos, pero los mayas no tenían forma de saberlo. La sociedad prosperó durante más de 2.000 años a pesar de esta exposición. Como dijo acertadamente el arqueólogo Jean Tremblay: “No vivían el día a día”. Su éxito a largo plazo habla de su resiliencia general y su base de conocimientos, incluso cuando enfrentan una amenaza invisible.

El estudio subraya que incluso las civilizaciones muy avanzadas pueden ser vulnerables a peligros que no pueden percibir. El ejemplo maya muestra que la gestión del agua no se trata sólo de eliminar los contaminantes visibles; requiere comprender todo el espectro de toxinas potenciales.

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