El gran volumen de vaporizadores desechables desechados a nivel mundial es asombroso: se estima que 844 millones solo en 2022, y aproximadamente 500.000 desechados cada día en 2023. A pesar de contener baterías de iones de litio potencialmente reutilizables, estos dispositivos contribuyen significativamente a los desechos electrónicos. Un YouTuber residente en el Reino Unido, Chris Doel, decidió demostrar un punto: que estos residuos se pueden reutilizar. Su último experimento implicó construir un paquete de baterías a partir de más de 500 vaporizadores desechados y usarlo para alimentar un vehículo eléctrico completamente funcional.
De los residuos electrónicos a la fuente de energía
El proyecto de Doel comenzó recolectando vaporizadores en los recintos de festivales de música y otras áreas llenas de basura. Probó la viabilidad de cada celda de iones de litio, ensamblándolas en 14 filas de módulos de batería impresos en 3D. Esto creó una batería de 50 voltios y 2,5 kilovatios-hora capaz de alimentar un Reva G-Wiz, un vehículo eléctrico de principios de la década de 2000 conocido por su bajo rendimiento.
El experimento no se trataba sólo de hacerlo funcionar, sino también de resaltar lo absurdo de un sistema que normaliza el descarte de baterías recargables. Como señala Doel, “Desafortunadamente, parece que vivimos en una distopía loca donde comprar estos dispositivos de un solo uso y luego tirarlos a la basura está totalmente normalizado, a pesar de que tienen celdas de iones de litio totalmente recargables en su interior”.
El G-Wiz como caso de prueba
Se eligió el G-Wiz específicamente por la pequeña capacidad de su batería. Si bien alimentar un vehículo eléctrico moderno con vaporizadores requeriría unas poco prácticas 12.000 celdas (para un Tesla, según Doel), los modestos 17 caballos de fuerza del G-Wiz lo convirtieron en un sujeto de prueba viable.
Doel construyó una carcasa de aluminio segura para el paquete de baterías e integró un sistema de gestión de baterías con sondas de temperatura para evitar la fuga térmica, una medida de seguridad fundamental, ya que las baterías de iones de litio pueden incendiarse si se sobrecalientan. El sistema incluso incluía un puerto de carga USB-C, lo que permitía cargar el automóvil con un cargador de computadora portátil estándar de 138 vatios.
Pruebas en la vía pública
El G-Wiz modificado se condujo por vías públicas, logrando una autonomía de 18 millas y una velocidad máxima de 40 mph. Doel documentó el experimento, incluido un recorrido por un servicio de comida rápida y una visita a una ferretería. Sorprendentemente, su compañía de seguros estaba al tanto de la configuración modificada de la batería, aunque con una prima más alta.
“Apuesto a que ninguna de las 500 personas que fumaron sus vaporizadores esperaba que sus vaporizadores literalmente alimentaran mi casa, y ahora mi auto”, afirmó Doel en su video.
Las implicaciones más amplias
Este experimento no se trata sólo de un único automóvil que funciona con vaporizador; pone de relieve un problema mayor: el ciclo insostenible de los productos electrónicos desechables. Demuestra que lo que se considera residuo se puede reutilizar para convertirlo en una valiosa fuente de energía. El trabajo de Doel plantea una pregunta fundamental: si cientos de vaporizadores desechados pueden alimentar un automóvil, ¿qué más estamos tirando a la basura que podría tener una segunda vida? El experimento es un claro recordatorio de que es necesario reevaluar la clasificación de los residuos.




















