Los soldados romanos lucharon contra los parásitos junto a los enemigos

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Un análisis arqueológico reciente de letrinas de la época romana revela que los soldados estacionados a lo largo del Muro de Adriano en Gran Bretaña padecían infecciones parasitarias generalizadas, incluidas lombrices intestinales, tricocéfalos y, por primera vez documentada en la Gran Bretaña romana, Giardia duodenalis. Este hallazgo subraya cómo las condiciones insalubres degradaron la eficacia militar.

La amenaza oculta en Vindolanda

El estudio, publicado en Parasitology, examinó muestras de sedimentos de los desagües de Vindolanda, un fuerte romano cerca del Muro de Adriano. Investigadores de las universidades de Cambridge y Oxford encontraron evidencia de estos parásitos intestinales en casi el 30% de las muestras. Giardia fue identificada mediante una técnica biomolecular avanzada, ELISA, confirmando su presencia en el antiguo entorno británico.

La presencia de estos parásitos es importante porque causaron diarrea debilitante, desnutrición y fatiga crónica. Esto habría reducido significativamente la preparación para el combate y la salud general de los soldados. Si bien los romanos conocían las lombrices intestinales, carecían de tratamientos eficaces, lo que significaba que las infecciones persistían y empeoraban.

Cómo se propagan los parásitos

Los ascárides y los tricocéfalos, comúnmente llamados helmintos, se transmiten a través de la contaminación fecal de los alimentos, el agua o el contacto directo. Giardia, un parásito microscópico, causa incluso hoy brotes de diarrea. Los síntomas incluyen calambres estomacales intensos, hinchazón y heces blandas persistentes. Los investigadores sugieren que los brotes de Giardia durante los meses más cálidos probablemente provocaron deshidratación, debilitando aún más a los soldados.

El sitio de Vindolanda en sí es valioso porque su suelo anegado conserva materiales orgánicos, incluidas tablillas de madera para escribir y zapatos de cuero. Este nuevo estudio aprovechó las mismas condiciones para recuperar huevos de parásitos microscópicos de desechos antiguos. El equipo comparó muestras de un desagüe de letrina del siglo III con un fuerte abandonado más antiguo construido en el siglo I d.C. y encontró cargas parásitas similares en ambos.

Un problema generalizado

Esta prevalencia de parásitos no fue exclusiva de Vindolanda. Se han encontrado infecciones similares en otros sitios militares romanos en toda Europa, incluidos Valkenburg (Países Bajos), Carnuntum (Austria) y Bearsden (Escocia). Los asentamientos más urbanos como Londres y York tenían una gama más amplia de parásitos, incluidos los de la carne y el pescado poco cocidos.

El estudio subraya que incluso las poderosas legiones romanas eran vulnerables a enfermedades simples y prevenibles. Las enfermedades crónicas causadas por estos parásitos probablemente contribuyeron a las dificultades de la vida en la frontera, como se señala en relatos contemporáneos e incluso en poesía moderna, como W.H. “Roman Wall Blues” de Auden, que lamenta los piojos, el frío y ahora, presumiblemente, los problemas estomacales de los soldados romanos.

En conclusión, esta investigación confirma que la mala higiene era una amenaza constante para los soldados romanos, socavando su fuerza y ​​contribuyendo a los desafíos de mantener un vasto imperio. Los hallazgos resaltan cómo incluso los ejércitos más disciplinados eran susceptibles a las fuerzas invisibles, pero debilitantes, de la enfermedad.

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