Según un nuevo estudio, los polluelos de grajilla aprenden a identificar y temer a los depredadores peligrosos escuchando las llamadas de alarma de sus padres. Este proceso de aprendizaje social es fundamental para la supervivencia, ya que el aprendizaje por prueba y error después de abandonar el nido puede ser mortal. La investigación sugiere que los cerebros de los polluelos están sintonizados evolutivamente para reconocer amenazas biológicamente significativas, lo que les permite evitar respuestas de miedo innecesarias a sonidos no depredadores.
Cómo funcionó el estudio
Investigadores de la Universidad de Exeter simularon encuentros con depredadores reproduciendo grabaciones de llamadas de azor euroasiático junto con llamadas de alarma y llamadas de contacto neutral de grajillas adultas. El estudio involucró polluelos de grajilla de 20 a 30 días de edad en 39 nidos silvestres en el suroeste de Inglaterra.
Los hallazgos fueron claros: los polluelos expuestos a las llamadas de los depredadores junto con llamadas de alarma mostraron una mayor vigilancia al escuchar la llamada nuevamente, levantando la cabeza por encima de los hombros como señal de alerta. Por el contrario, aquellos expuestos a llamadas de depredadores con llamadas de contacto neutral no mostraron una respuesta tan intensa. Esto demuestra que los polluelos no simplemente reaccionan a cualquier sonido que se reproduzca junto con las llamadas de alarma, sino que están aprendiendo específicamente a asociar el peligro con señales depredadoras relevantes.
Importancia evolutiva
El estudio también reveló que los polluelos no aprendieron a temer los cantos de aves no depredadoras, incluso cuando se los combinaba con llamadas de alarma. Esto sugiere una adaptación evolutiva en la que los animales conservan energía reaccionando únicamente ante amenazas biológicamente significativas. Los investigadores utilizaron llamadas del chorlito dorado americano, una especie que es poco probable que se encuentre en Cornualles, Inglaterra, para confirmar este proceso de aprendizaje selectivo.
Según el coautor Alex Thornton, “Aprender a asociar eventos que ocurren juntos por casualidad… podría hacer que los polluelos aprendan información incorrecta”. El hecho de que las grajillas hayan aprendido específicamente a temer las llamadas del azor (un ave depredadora) indica que sus procesos de aprendizaje están adaptados por la evolución para priorizar los peligros relevantes.
Adaptarse a entornos cambiantes
Las implicaciones del estudio se extienden al contexto más amplio de los ecosistemas que cambian rápidamente. A medida que las áreas de distribución de los depredadores cambian debido al cambio climático y la alteración del hábitat, es probable que un aprendizaje social como este se vuelva aún más importante para la supervivencia de las especies. Los azores, por ejemplo, están ampliando su área de distribución en el Reino Unido, lo que significa que las grajillas de Cornualles pronto podrían encontrarlos en la naturaleza. La capacidad de aprender de los demás, como se demuestra en esta investigación, podría proporcionar una ventaja crucial para adaptarse a nuevas amenazas.
“Procesos de aprendizaje como el examinado en este estudio podrían dar a las especies la oportunidad de adaptarse a nuevas amenazas”.



















