Superar el miedo: por qué revelar mi discapacidad del habla me convirtió en un mejor maestro

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Muchos educadores se preocupan por las primeras impresiones. Para mí, la ansiedad no tenía que ver con la planificación de las lecciones ni con la gestión del aula. Se trataba de cómo reaccionarían mis alumnos ante mi tartamudez, una discapacidad del habla con la que he vivido desde la infancia. El miedo no era irracional: la sociedad todavía tiene conceptos erróneos sobre las discapacidades y algunas personas juzgan a quienes se desvían de la comunicación percibida como “normal”.

El estigma de las discapacidades del habla

Aproximadamente el 1% de la población mundial tartamudea, pero esta condición sigue siendo incomprendida. La tartamudez no se trata sólo de repetir sonidos (“Mmmm mi nombre es Ssssssamuel”). Es una diferencia neurológica que se manifiesta en prolongaciones, repeticiones y pausas. El estigma es real. Una vez un maestro me dijo rotundamente que no debería enseñar debido a mi forma de hablar. Este tipo de desprecio contundente pone de relieve una cuestión más amplia: la sociedad a menudo dicta quién está “calificado” basándose en estándares arbitrarios de fluidez.

De la ansiedad a la defensa

Doy clases de escritura en línea, un formato que amplificó mis inquietudes. En la pantalla, mi tartamudez se sentía más expuesta que en persona, donde el lenguaje corporal podría suavizar la percepción. Sin embargo, mi cambio de carrera hacia la justicia de accesibilidad me dio el coraje para hablar abiertamente sobre mi discapacidad. Decidí revelar mi tartamudez a mis alumnos el primer día de clases.

El resultado me sorprendió. En lugar de juicio, me encontré con curiosidad. Después de bromear sobre cuánto tiempo podría durar la clase debido a mi tartamudez, los estudiantes comenzaron a hacer preguntas.

  • “¿Tartamudeas más en situaciones específicas?”
  • “¿Cómo se siente cuando tartamudeas?”

Su interés genuino fue una revelación. No era lástima ni incomodidad, sino un deseo de comprender. Un estudiante incluso me envió un correo electrónico más tarde, inspirado a compartir su propia discapacidad de aprendizaje después de mi revelación.

Por qué es importante la divulgación

Mi experiencia subraya una verdad simple: el silencio perpetúa el estigma. Cuando evitamos hablar de discapacidad, reforzamos la idea de que es algo de lo que avergonzarse. Al ser transparente, creé espacio para una conversación que normalizó la diferencia.

La verdad es que no hablar de discapacidad en el aula no le hace ningún favor. No está normalizado y debería estarlo.

Elegir revelar mi tartamudez no sólo alivió mi propia ansiedad. Me convirtió en un educador más eficaz, fomentando un aula donde se valoran la vulnerabilidad y la comprensión.

Al final, hablar abiertamente sobre mi discapacidad del habla no se trataba sólo de mí. Se trataba de crear un entorno de aprendizaje más inclusivo donde todos los estudiantes –incluidos los que tienen discapacidades– se sientan vistos y respetados.

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