A medida que la misión Artemis II se acerca a su conclusión, todos los ojos están puestos en la cápsula Orion, Integrity. Si bien el éxito de la misión estará definido por su tránsito lunar, su momento más peligroso no llega en el espacio profundo, sino durante su regreso a la Tierra. El viernes aproximadamente a las 8:07 p.m. EDT, la cápsula está programada para aterrizar en el Océano Pacífico frente a la costa de San Diego, llevando a los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen a casa.
Sin embargo, antes de que pueda ocurrir esa recuperación, la tripulación debe sobrevivir a la violenta transición del vacío del espacio a la fricción de la atmósfera terrestre.
La física de una bola de fuego
El reingreso es una batalla contra la física. Cuando una nave espacial como Orion golpea la atmósfera a velocidades hipersónicas (que se proyecta en casi 24.000 millas por hora para esta misión) no simplemente se desliza hacia adentro; golpea el aire. Esto crea una intensa resistencia atmosférica y comprime el aire delante del vehículo, generando una vaina de plasma que puede alcanzar temperaturas de 5.000 grados Fahrenheit.
Sin un sistema de defensa especializado, el calor incineraría instantáneamente la nave espacial y su tripulación. Para combatir esto, la NASA utiliza un escudo térmico ablativo hecho de AVCOAT, una mezcla especializada de sílice, epoxi y resinas. Este material está diseñado para carbonizarse, derretirse y desprenderse (extirpar), alejando físicamente el calor destructivo de la cápsula a medida que se quema.
Lecciones de Artemisa I: una controversia técnica
La fiabilidad del escudo térmico de Orión es un tema de intenso debate dentro de la comunidad aeroespacial. Durante la misión Artemis I no tripulada en 2022, la NASA observó una anomalía inesperada: el escudo térmico se agrietó y arrojó más material de lo previsto por los modelos térmicos.
A raíz de este descubrimiento, la NASA se enfrentó a una decisión crítica. En lugar de rediseñar el escudo, un proceso que habría sido costoso y requeriría mucho tiempo, los ingenieros optaron por una solución basada en la trayectoria.
- La estrategia: Los planificadores de la misión ajustaron la ruta de reentrada para que el escudo térmico esté expuesto a temperaturas máximas durante un período más corto.
- El objetivo: Minimizar el estrés térmico en el material existente mientras se mantiene dentro de los márgenes de seguridad del diseño actual.
Si bien los funcionarios de la NASA y expertos independientes como Jud Ready del Instituto de Tecnología de Georgia expresan su confianza en estos modelos probados en tierra, la decisión ha sido objeto de escrutinio. Los críticos, incluido el experto en escudos térmicos Ed Pope, argumentan que ajustar la trayectoria de vuelo trata los síntomas en lugar de la causa. Señalan que la NASA ya está planeando un diseño y formulación de escudo térmico diferente para la próxima misión Artemis III, lo que sugiere un reconocimiento implícito de las limitaciones del diseño actual.
El período de “apagón”
Incluso si el escudo térmico resiste, la tripulación se enfrenta a un período de profundo aislamiento. A medida que la cápsula se sumerge en la atmósfera superior, el plasma que rodea al vehículo creará un apagón de comunicaciones. Durante varios minutos, el control de la misión no podrá escuchar a los astronautas, dejando a la tripulación y al mundo en un tenso silencio.
Una vez que la cápsula sobreviva al calor y pierda su velocidad, el descenso final será gestionado por propulsores y una serie de paracaídas, lo que reducirá la velocidad de la nave a una velocidad mucho más manejable de 17 millas por hora para su aterrizaje en el Pacífico.
“Para mí, esta será la parte más estresante de toda la misión”. — Jordan Bimm, historiador espacial
Conclusión
El reingreso de Artemis II representa una prueba de alto riesgo de la capacidad de la NASA para gestionar riesgos técnicos conocidos mediante ajustes operativos. El éxito de este aterrizaje determinará si la arquitectura actual de Orion está realmente lista para la exploración lunar humana sostenida prometida por el programa Artemis.
