Una nueva investigación sugiere que los monos, al igual que los humanos, no simplemente muestran emociones en sus caras: las eligen, combinando reacciones involuntarias con señales sociales deliberadas. Un estudio publicado en Science demuestra que los centros de control emocional y voluntario del cerebro del macaco trabajan juntos para producir expresiones faciales, desafiando suposiciones de décadas sobre cómo las caras revelan verdaderos sentimientos.
La vieja teoría versus la realidad
Durante años, la idea dominante fue que las expresiones faciales son en gran medida automáticas, una salida directa de emociones internas. Esta visión lucha por explicar por qué fingimos sonrisas, reprimimos reacciones o ajustamos cuidadosamente nuestras expresiones para adaptarlas a situaciones sociales. La nueva investigación sugiere que el cerebro no sólo reacciona sino que calcula.
Cómo funciona el estudio
Investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad Rockefeller monitorearon la actividad neuronal de los macacos rhesus mientras interactuaban entre sí, avatares digitales y videos de otros monos. Sus hallazgos mostraron que tanto la corteza medial (responsable de las emociones espontáneas) como la corteza lateral (que controla las acciones voluntarias) están involucradas en todos los tipos de expresiones faciales.
Esto significa que incluso las expresiones aparentemente “naturales” son en parte una elección consciente, no sólo una reacción visceral.
La velocidad y el tiempo son importantes
Las dos regiones del cerebro operan a diferentes velocidades. La corteza lateral coordina los movimientos rápidos para una interacción social fluida, mientras que la corteza medial procesa factores que cambian más lentamente, como evaluar las jerarquías de dominancia (“¿El macho alfa todavía me amenaza?”). Es importante destacar que los patrones neuronales preceden a los movimientos faciales, lo que indica que el cerebro prepara las expresiones con antelación.
¿Son manipuladores los monos?
Investigadores de la Universidad de Nottingham Trent sostienen que si las expresiones faciales son en parte voluntarias, pueden ser “herramientas de influencia social”. Esto implica que los macacos, al igual que los humanos, usan sus rostros estratégicamente para manipular a los demás, en lugar de simplemente transmitir emociones honestas.
Si es cierto, esto plantea preguntas incómodas sobre la sinceridad de todas las expresiones faciales.
El panorama más amplio
El psicólogo social y evolutivo Alan Fridlund sugiere que el estudio proporciona una forma más detallada de investigar la neurología de las manifestaciones faciales. Sin embargo, advierte que es posible que los entornos de laboratorio no capturen completamente la complejidad de la comunicación de los primates en la naturaleza.
Los hallazgos sugieren que los rostros no son sólo espejos de emociones: son participantes activos en juegos sociales, combinando instinto con intención.
Esta investigación no prueba que los monos planifiquen deliberadamente cada mueca o sonrisa, pero sí demuestra que las expresiones faciales son mucho más complejas de lo que se creía anteriormente. El estudio desafía la suposición arraigada de que los rostros siempre revelan lo que hay “dentro” y sugiere que podemos estar leyendo las emociones en expresiones que, al menos en parte, están construidas para lograr un efecto social.





















