Un número creciente de matemáticos de todo el mundo amenazan con boicotear el Congreso Internacional de Matemáticos (ICM) de este verano si se desarrolla según lo previsto en Estados Unidos. La ICM, que se celebra cada cuatro años, es la principal reunión mundial del campo, donde se dan a conocer los avances y se otorga la prestigiosa Medalla Fields. Sin embargo, una petición firmada por más de 1.500 matemáticos, incluidas muchas figuras prominentes, exige que el evento se reubique debido a preocupaciones sobre las recientes acciones militares y políticas de inmigración de Estados Unidos.
Las raíces de la disputa
El núcleo de la controversia radica en lo que los boicoteadores perciben como hipocresía. El organismo organizador del ICM, la Unión Matemática Internacional (IMU), trasladó rápidamente el congreso de 2022 desde San Petersburgo, Rusia, tras la invasión de Ucrania. Los matemáticos sostienen que Estados Unidos, que ha participado en intervenciones militares en Venezuela e Irán, junto con políticas restrictivas de visas y una agresiva aplicación de la ley de inmigración, debería enfrentar un escrutinio similar.
Como explica Michael Harris, matemático de la Universidad de Columbia, “Mantener el ICM en los Estados Unidos, después de que inició dos guerras ilegales, representa un doble rasero”. Este sentimiento pone de relieve una creciente inquietud dentro de la comunidad matemática acerca de la intersección de la colaboración científica internacional y las realidades geopolíticas.
Presión creciente y división internacional
El movimiento de boicot cobró impulso después de que la Sociedad Matemática Francesa (SMF) anunciara que no asistiría al evento de Filadelfia, citando preocupaciones sobre la violencia y las dificultades que enfrentan los matemáticos del Sur Global para obtener visas. A pesar de esto, algunas sociedades, incluida la Sociedad Estadounidense de Matemáticas (AMS), han reafirmado su compromiso de asistir, enfatizando la importancia de la “apertura y colaboración internacionales”.
Esta división subraya una tensión más profunda: el MCI nunca ha estado completamente divorciado de los conflictos políticos de las naciones que lo acogen. El historiador Michael J. Barany señala que llamados de boicot similares surgieron durante el congreso de 1950 en Cambridge, Massachusetts, cuando matemáticos con supuestas afiliaciones comunistas enfrentaron problemas de visa.
¿Qué está en juego?
Los firmantes de la petición no se limitan a protestar contra la política; están desafiando los fundamentos mismos del intercambio científico internacional. Ila Varma, coautora de la petición, cree que los matemáticos tienen la obligación moral de aprovechar su influencia colectiva. “Tenemos estas increíbles conexiones globales y también tenemos influencia sobre los gobiernos”, dice.
Los organizadores de ICM, incluidos IMU y la Fundación Simons, aún no han respondido públicamente, lo que deja incierto el futuro del evento. Queda por ver si los matemáticos podrán ejercer eficazmente su voz colectiva, pero el movimiento de boicot ya ha expuesto una falla crítica dentro de la comunidad científica: cómo equilibrar la búsqueda del conocimiento con la responsabilidad ética y política.
El resultado de esta disputa probablemente dará forma no sólo al congreso de este verano sino también a futuros debates sobre el papel de la ciencia en un mundo dividido.




















