Durante años, los inventores han tratado el humilde paraguas no como un simple protector contra la lluvia, sino como un rompecabezas de ingeniería. ¿El resultado? Una colección cada vez mayor de más de 11 diseños patentados que superan los límites de la practicidad, desde accesorios para mochilas y recintos de cuerpo completo hasta fundas para zapatos. Ahora, el ingeniero y cineasta John Tse ha llevado esta obsesión al siguiente nivel: un paraguas volador totalmente autónomo impulsado por un dron.
La evolución de una idea absurda
Tse, conocido por su canal de YouTube “I Build Stuff” (con más de 160.000 suscriptores), concibió inicialmente la idea en 2024. Su primer prototipo se basaba en un controlador portátil, lo que lo hacía poco práctico. Los comentarios de su audiencia lo impulsaron a desarrollar un sistema de seguimiento, de modo que el paraguas siguiera al usuario sin esfuerzo físico.
La tecnología detrás del vuelo
El proceso implicó pruebas rigurosas de varios métodos de seguimiento: cámaras, sensores LiDAR e incluso un operador humano remoto. Tse combinó controladores de vuelo con computadoras de placa única Raspberry Pi para identificar y seguir objetivos. El enfoque del inventor se destaca por su minuciosidad, ingenio y autoconciencia lúdica, como se demuestra en sus actualizaciones detrás de escena.
Imperfecto, pero funcional
A pesar de los desafíos, Tse logró un prototipo funcional. El resultado final no es perfecto, pero como él mismo admite: “Mentiría si dijera que este proyecto resultó perfecto, pero al mismo tiempo también mentiría si dijera que este momento no nos trajo alegría”. Esta mezcla de ambición técnica y absurdo lúdico define el trabajo de Tse.
Por qué es importante (o no)
El paraguas volador es un excelente ejemplo de innovación humana impulsada por pura curiosidad. Si bien no es práctico de inmediato, resalta la búsqueda incesante de “¿y si?” preguntas. El canal de Tse está dedicado a esta mentalidad y explora proyectos como palancas de vuelo LEGO y robots de puntería con arco y flecha. El experimento es una prueba de que incluso las ideas más absurdas pueden traspasar los límites, aunque sólo sea por diversión.
En última instancia, el paraguas volador es un testimonio del ingenio humano: una solución a un problema que nadie pidió, pero que, no obstante, existe.





















