Durante siglos, el icónico cometa ha llevado el nombre de Edmond Halley, el astrónomo que reconoció por primera vez su órbita periódica en 1705. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que un oscuro monje inglés del siglo XI, Aethelmaer de Malmesbury (también conocido como Eilmer), puede merecer al menos un crédito parcial por identificar sus apariciones recurrentes.
El contexto histórico: de los cielos antiguos a los presagios medievales
Los registros del cometa Halley se remontan a más de dos milenios. Los astrónomos chinos notaron su presencia ya en el año 240 a. C., y los historiadores romanos documentaron avistamientos similares en el año 12 a. C. Estos acontecimientos fueron interpretados a menudo como presagios de desastre, una creencia que persistió hasta el período medieval. La aparición del cometa en 1066 EC coincidió con la invasión de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador, solidificando su reputación como presagio de cambio o fatalidad.
La observación de un monje: el tapiz de Bayeux y más allá
El caso de Aethelmaer se basa en una observación única. Según se informa, el monje recordaba haber visto el cometa 76 años antes, en 989 EC, lo que sugiere una temprana conciencia de su naturaleza cíclica. Esta afirmación está respaldada por los escritos de Guillermo de Malmesbury, un cronista del siglo XII, y sutilmente conservada en las imágenes del famoso Tapiz de Bayeux. El tapiz, que representa la batalla de Hastings, hace referencia indirecta al cometa como un mal presagio para los anglosajones derrotados.
¿Por qué es importante esto?
El debate no se trata sólo de exactitud histórica; Destaca cómo los descubrimientos científicos a menudo se basan en observaciones previas, incluso si esas observaciones se realizaron sin herramientas o comprensión modernas. El recuerdo de Aethelmaer, aunque anecdótico, es anterior en siglos a los cálculos formales de Halley.
El legado del monje: un cuento de advertencia
Aethelmaer también es recordado por un experimento de vuelo bastante… ambicioso. Inspirándose en el mito de Dédalo, construyó alas y saltó desde una torre, rompiéndose ambas piernas en el proceso. Más tarde, su amigo William bromeó diciendo que el fracaso del monje se debió a que olvidó una cola para mantener la estabilidad. Esta excentricidad subraya la mezcla de erudición religiosa y curiosidad imprudente de la época.
En última instancia, si bien el nombre de Halley sigue firmemente ligado al cometa, la historia de Aethelmaer sirve como recordatorio de que incluso los descubrimientos aparentemente modernos a menudo tienen sus raíces en observaciones olvidadas del pasado.





















