El misterio evolutivo: por qué los humanos perdieron la cola

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Si bien la mayoría de los vertebrados (desde los gatitos hasta las ballenas) dependen de la cola para mantener el equilibrio, la comunicación o la natación, los humanos somos una notable excepción. Aunque biológicamente se requiere que todos los miembros del filo Chordata tengan una estructura de cola, los humanos sólo poseen una estructura vestigial durante las primeras ocho semanas de desarrollo embrionario.

El motivo de esta ausencia no es un cambio reciente; es el resultado de un cambio evolutivo que ocurrió millones de años antes de que el primer ser humano caminara sobre la Tierra.

Rastreando la ascendencia de la falta de cola

Para entender por qué los humanos carecen de cola, tenemos que mirar mucho más allá de nuestro propio género. La divergencia entre los monos con cola y los ancestros de los simios ocurrió aproximadamente hace 25 a 30 millones de años. Después de esta división, comenzaron a surgir varias especies de simios sin cola, lo que dificultó a los científicos determinar con precisión el momento exacto en que la cola desapareció de nuestro linaje específico.

Sin embargo, el registro fósil proporciona pistas cruciales. Al examinar el sacro (la estructura ósea en la base de la columna vertebral), los paleontólogos pueden determinar si un animal era capaz de sostener una cola. En los mamíferos con cola como los gatos, el sacro se conecta a una serie de vértebras de la cola. En humanos y simios, el sacro termina en una punta pequeña y roma.

La evidencia fósil clave incluye:

  • Ekembo (Ekembo heseloni ): Estos fósiles de Kenia, que datan de hace entre 17 y 20 millones de años, revelan una criatura que probablemente caminaba a cuatro patas. A pesar de tener una espalda baja larga y flexible, sus sacros carecían de la estructura necesaria para sostener una cola.
  • Nacholapithecus: Apareció hace unos 15 millones de años, este simio de la era del Mioceno también muestra sacros fosilizados que habrían sido incapaces de sostener una cola.

Estos hallazgos sugieren que cuando el linaje de los homínidos comenzó a divergir, nuestros ancestros simios ya habían pasado a una existencia sin cola.

La forma sigue a la función: por qué se cayó la cola

La evolución rara vez se trata de perder algo sin motivo alguno; generalmente se trata de eficiencia. En la naturaleza, cada característica biológica conlleva un costo metabólico. Si una característica ofrece más riesgo que recompensa, a menudo se elimina gradualmente.

La desaparición de la cola en los primeros simios probablemente esté relacionada con un cambio en las estrategias de locomoción y supervivencia.

1. Un cambio en el movimiento

Los primates modernos como los chimpancés y los gorilas están especializados en colgarse y balancearse, y poseen brazos largos y piernas cortas. Sin embargo, los simios del Mioceno eran diferentes. Tenían extremidades de aproximadamente la misma longitud y se movían deliberadamente a cuatro patas. A diferencia del movimiento rápido y oscilante de los monos modernos, donde la cola actúa como contrapeso vital, estos primeros simios se movían lenta y cuidadosamente a través del dosel.

2. Energía y Gestión de Riesgos

Para un animal que se mueve con cautela entre las ramas para alcanzar la fruta, es posible que la cola no haya ofrecido ninguna ventaja funcional. En cambio, puede haberse convertido en un responsabilidad biológica :
* Costo de energía: Hacer crecer y mantener una cola requiere energía calórica que podría gastarse mejor en otras funciones corporales.
* Riesgo de depredación: Una cola larga y colgante proporciona un objetivo fácil de agarrar para los depredadores durante una escalada.

“Estaban escalando, pero lo hacían deliberadamente”, explica Carol Ward, profesora de anatomía integrativa de la Universidad de Missouri. “La cola simplemente no ofrecía ninguna ventaja”.

Conclusión

La ausencia de cola en los humanos no es una pieza “faltante” de nuestra anatomía, sino más bien un resultado evolutivo especializado. Nuestros antepasados ​​cambiaron el equilibrio proporcionado por una cola por una forma más deliberada y energéticamente más eficiente de moverse por el mundo, preparando el escenario para las trayectorias físicas únicas de los linajes de los simios y los humanos.