El oeste de los Estados Unidos está experimentando una ola de calor extraordinaria y peligrosa que ya ha batido récords históricos de temperatura en marzo en varios lugares. El miércoles, North Shore, California, empató la temperatura más alta del estado en marzo con 108°F (42°C). Al día siguiente, Phoenix, Arizona, alcanzó los 105°F (41°C), la lectura más temprana de este tipo en la historia registrada, precediendo el pico típico por más de un mes. Aún más alarmante es que un sitio cerca del lago Martínez, Arizona, alcanzó los 43 °C (110 °F), la temperatura más alta jamás observada en marzo en todo Estados Unidos.
¿Qué hace que esta ola de calor sea única?
Este evento no sólo es inusualmente cálido; es meteorológicamente excepcional. Una cresta de alta presión excepcionalmente fuerte (una protuberancia hacia el norte en la corriente en chorro) domina el suroeste, elevando las temperaturas entre 20 y 30 °F (11 y 17 °C) por encima de lo normal. Lo que distingue a esta cresta es su intensidad y sincronización. Los récords se están batiendo por “márgenes absurdos”, superando a menudo incluso los máximos de abril. Por lo general, las temperaturas récord ocurren a finales de marzo, cuando el clima se calienta naturalmente; Esta ola de calor está ocurriendo demasiado pronto.
La ciencia detrás del calor extremo
Los sistemas de alta presión hacen que el aire descienda, comprimiéndolo y calentándolo. Los cielos despejados bajo estas crestas permiten que la luz del sol sin obstáculos caliente el suelo. Además de esto, una reciente “baja de Kona” que provocó lluvias extremas en Hawaii liberó calor latente a la atmósfera. Esta humedad ahora está siendo transportada por un río atmosférico hacia el noroeste del Pacífico, alimentando la cresta y exacerbando el calor.
El papel del cambio climático
Los rápidos estudios de atribución confirman que esta ola de calor sería “prácticamente imposible sin el cambio climático”. Las emisiones de gases de efecto invernadero han hecho que tales eventos sean cuatro veces más probables, aumentando las temperaturas hasta 1,4°F (0,8°C) en comparación con lo que habrían sido de otra manera. La naturaleza repentina de este calor es preocupante, ya que los humanos no tienen tiempo para aclimatarse gradualmente.
Posibles consecuencias
El calor plantea riesgos inmediatos para la salud, especialmente para las poblaciones vulnerables. Sin embargo, la situación va más allá del malestar. Occidente ya se enfrenta a condiciones de sequía, y el rápido deshielo causado por esta ola de calor empeorará estas condiciones. Esto crea condiciones ideales para los incendios forestales, que podrían propagarse rápidamente en la vegetación seca. La velocidad de esta pérdida de nieve se describe como “impactante” y podría provocar riesgos de sequía e incendios forestales aún más graves a finales de este año.
Esta ola de calor de principios de temporada es un claro recordatorio de los efectos acelerados del cambio climático, con consecuencias potencialmente devastadoras tanto para la salud humana como para el medio ambiente.
